
Se miraba al espejo y te veía a ti. Miraba sus dedos y aparecían enredados en los tuyos.Sentía que una vez conoció el amor, y que aquello le bastó para no volver a hacerlo jamás.
Se vestía por los pies, recordando cada centímetro que tu te empeñabas en desvestir. Salía de casa y notaba el frío en la cara.
El sonido de sus llaves le resultaba insoportable, será porque alguna vez fue adicta al sonido de las tuyas.
Pero el frío si que le gustaba. Le hacía sentirse viva.
Miraba el buzón donde se ahogaban tus cartas cada domingo por la mañana, y donde ahora lo hacía ella. De donde salían las tonterías con las que tú hacias alarde de tu inventiva, y donde entraban sus ganas de perder(se) contigo y no volver a encontrar(se) a sí misma.
Pero había algo que no había cambiado;
el frío con el que llegaba a casa,
era el mismo con el que salía de ella.
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