Las cosas siguen igual, me estás hablando de electrodomésticos y yo ni siquiera tengo licuadora, me preguntas por la hora y yo ni tengo reloj ni pienso contestarte. Déjame que invente constelaciones y que coleccione servilletas de todos los lugares donde fui. Nadie parece darse cuenta de que yo sigo mirando las estrellas aunque haya amanecido, nadie se da cuenta ni nadie quiere hacerlo. Yo prefiero quedarme sentada esperando a los bárbaros, así seré la única que sepa cómo han llegado.

lunes, 28 de diciembre de 2009

menos mal que...



ahora el corazón, opinaba lo mismo que la cabeza.

lunes, 14 de diciembre de 2009

(Des)haciendo el amor


Se miraba al espejo y te veía a ti. Miraba sus dedos y aparecían enredados en los tuyos.Sentía que una vez conoció el amor, y que aquello le bastó para no volver a hacerlo jamás.
Se vestía por los pies, recordando cada centímetro que tu te empeñabas en desvestir. Salía de casa y notaba el frío en la cara.
El sonido de sus llaves le resultaba insoportable, será porque alguna vez fue adicta al sonido de las tuyas.
Pero el frío si que le gustaba. Le hacía sentirse viva.
Miraba el buzón donde se ahogaban tus cartas cada domingo por la mañana, y donde ahora lo hacía ella. De donde salían las tonterías con las que tú hacias alarde de tu inventiva, y donde entraban sus ganas de perder(se) contigo y no volver a encontrar(se) a sí misma.
Pero había algo que no había cambiado;
el frío con el que llegaba a casa,
era el mismo con el que salía de ella.

Pensó que después de todo...



...volvería a revolver(te) el mundo con la punta de sus dedos,
y que tu infamia no sería más que un montón de palabras sin sentido apartadas en algún lugar de su olvido, esperando a ser olvidadas, esperando a ser ordenadas o tapadas con algo más que con amor, pero CON AMOR, y no con un sin fin de sentimientos que se le asemejen.

ELLA.


A ella le da igual,
que le digan lo que quieran,
que no la escuchen,
que no la entiendan,
que piensen que se ha convertido en una tia fría y amargada que no le importa nada,salvo los mensajes en forma de ayuda que vienen en los sobres de café,
que nunca más vuelvan a ser dos,
que nunca más vuelva a ser ella,
y que le tachen de cobarde, porque lo que no saben es que los cobardes lloran, y ella no. Las personas tristes no lo hacen, los tristes simplemente se limitan a no sonreir, que suficiente pena es.
Suficiente es morir de pena cada día,
pero a ella cada día,
morirse de pena le duele un poco menos.

domingo, 13 de diciembre de 2009

De haberlo sabido.








"...y el último día que fuimos amigos pero al revés, comprobamos como no puede valer con la antorcha de un traidor para incendiar Troya, porque Troya decidió que no iba a arder."